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Terapia de Flores de Bach en el trastorno de hiperactividad

La hiperactividad es un trastorno de la conducta de los niños, descrito por primera vez en 1902, por Still. Se trata de niños que desarrollan una intensa actividad motora, que se mueven continuamente, sin que toda esta actividad tenga un propósito. Van de un lado para otro, pudiendo comenzar alguna tarea, pero que abandonan rápidamente para comenzar otra, que a su vez, vuelven a dejar inacabada.

Esta hiperactividad aumenta cuando están en presencia de otras personas, especialmente con las que no mantienen relaciones frecuentes. Por el contrario, disminuye la actividad cuando están solos.

Causas de la hiperactividad infantil

La hiperactividad infantil es bastante frecuente. Se calcula que afecta aproximadamente a un 3 por ciento de los niños menores de siete años y es más común en niños que en niñas (se da en 4 niños por cada niña). En el año 1914, el doctor Tredgold argumentó que las causas se deben a una disfunción cerebral mínima, una encefalitis letárgica en la cual queda afectada el área del comportamiento, de ahí la consecuente hipercinesia compensatoria; explosividad en la actividad voluntaria, impulsividad orgánica e incapacidad de estarse quietos.

Los indicadores de hiperactividad según la edad del niño

De 0 a 2 años. Descargas clónicas durante el sueño, problemas en el ritmo del sueño y durante la comida, períodos cortos de sueño y despertar sobresaltado, resistencia a los cuidados habituales, reactividad elevada a los estímulos auditivos e irritabilidad.

– De 2 a 3 años. Inmadurez en el lenguaje expresivo, actividad motora excesiva, escasa conciencia de peligro y propensión a sufrir numerosos accidentes.

– De 4 a 5 años. Problemas de adaptación social, desobediencia y dificultades en el seguimiento de normas.

– A partir de 6 años. Impulsividad, déficit de atención, fracaso escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptación social.

Síntomas en un niño hiperactivo

Los síntomas pueden ser clasificados según el déficit de atención, hiperactividad e impulsividad:

1. Dificultad para resistir a la distracción.

2. Dificultad para mantener la atención en una tarea larga y dificultad para atender selectivamente.

3. Dificultad para explorar estímulos complejos de una manera ordenada.

4. Actividad motora excesiva o inapropiada.

5. Dificultad para acabar tareas ya empezadas.

6. Dificultad para mantenerse sentados y/o quietos en una silla.

7. Presencia de conductas disruptivas (con carácter destructivo).

8. Incapacidad para inhibir conductas: dicen siempre lo que piensan, no se reprimen.

9. Incapacidad para aplazar las cosas gratificantes: no pueden dejar de hacer las cosas que les gusta en primer lugar y aplazan todo lo que pueden los deberes y obligaciones. Siempre acaban haciendo primero aquello que quieren.

10. Impulsividad cognitiva: precipitación, incluso a nivel de pensamiento. En los juegos es fácil ganarles por este motivo, pues no piensan las cosas dos veces antes de actuar, no prevén, e incluso contestan a las preguntas antes de que se formulen.

La infancia es una etapa sumamente difícil y llena de cambios, tanto para el niño como para los padres. Es importante ubicar los acontecimientos más significativos y relevantes de esta etapa para poder, de alguna manera, ayudar  tanto a los niños como a los padres, a enfrentarlas con mas conciencia y bienestar.

Tipos de tratamientos

El tratamiento psicoterapéutico está destinado a mejorar el ambiente familiar y escolar, favoreciendo una mejor integración del niño a la vez, que se le aplican técnicas de modificación de conducta.

El tratamiento cognitivo se basa en el planteamiento de la realización de tareas, donde el niño aprende a planificar sus actos y mejora su lenguaje interno. A partir de los 7 años, el lenguaje interno asume un papel de autorregulación, que estos niños no tienen tan desarrollado. Para la realización de cualquier tarea se le enseña a valorar primero todas las posibilidades de la misma, a concentrarse y a comprobar los resultados parciales y globales una vez finalizada.

El tratamieto con  flores de Bach ofrece un apoyo natural e inocuo para estas etapas. Es importante recalcar que las flores ayudan a sacar las virtudes que necesiten, ya sea los padres o los niños, pero no van a modificar la esencia de ninguno de ellos.

Los niños responden muy rápidamente al tratamiento floral, al no estar estructurados como los adultos. Es interesante y deseable evitar en los niños la instalación de patrones de conducta que se puedan volver rígidos y transformarse  luego en situaciones conflictivas mas abarcadoras.

Aquellos con síntomas agudos, como miedo a determinada situación circunstancial, celos por el nacimiento de un hermanito, etc. , reaccionan a los remedios florales en no mas de tres días a partir del comienzo de tomar su formula. En estos casos, la misma puede interrumpir después de finalizado el primer frasco si la situación se encuentra superada.

En caso de situaciones crónicas como, por ejemplo, síntomas psicosomáticos, el tratamiento debe ser a mas largo plazo e incluir por lo menos a uno de los padres, para romper el circulo vicioso seguramente creado a partir de los síntomas durante un espacio de tiempo mas prolongado.

Para indicar las flores a niños pequeños hay que dar preferencia a la observación de la conducta. Sea a través de la madre, de una persona que esta con él o del terapeuta. ¿Como juega?, ¿se fastidia cuando no puede armar un juego como lo desea?, ¿pierde el interés con facilidad?, ¿lo tira todo?, ¿llora y busca refugio en alguien?, ¿pide ayuda para lograr lo que se propone?, ¿es paciente, cuidadoso?, ¿es muy sensible?, ¿es posesivo, comparte su juego?, ¿es independiente o muy dependiente?, este tipo de preguntas nos van guiando hacia adonde va el niño, y que formula podemos preparar.

fuente: guiainfantil.com y flowersociety.org